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 Necros

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Kratos
Iniciado I
Iniciado I
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Parametros : Constitución: 18
Magia: 24

Daño físico: 2
Defensa: 3
Habilidad: 1
Presteza: 2
Daño mágico: 18
Tolerancia: 12
Concentración: 8


Dinero: 18 Monedas

Mensajes : 140
Fecha de inscripción : 15/05/2011
Edad : 25
Localización : En el universo

Datos
Experiencia:
1/100  (1/100)
Nivel: 1

MensajeTema: Necros   Dom Mayo 15, 2011 3:34 am

NOMBRE: Neth Yarin, aunque se le conoce como Necros.

EDAD: 19

RAZA: ¿Elfo?

OFICIO: Iniciado Inteligente

EQUIPO:
Báculo pequeño:
 
Trapos:
 

DINERO: 18 monedas.

DESCRIPCIÓN FÍSICA: Necros es un elfo de estatura media, rondando el metro setentaicinco, lo cual contrasta enormemente con su envergadura: su cuerpo es casi esquelético. Esto se puede notar cuando se mira a sus mejillas, pues son dos huecos, como si algo las estuviera presionando hacia el interior de la boca. También en sus dedos, pues éstos son largos y delgados. Su piel es pálida, casi blanca, lo que le confiere un aspecto de muerto. En su cintura se puede ver la longitud que ha adquirido su cabello, que ha quedado completamente demacrado con el tiempo. El color rojizo de sus años primerizos cambió a un color más bien canoso, casi plateado. Donde debería haber los enérgicos y vivos ojos de un joven, hay dos ojos que sólo expresan muerte y cansancio. El color azul pálido, casi blanco, le da un aspecto todavía más frío a su mirada. La forma de éstos es tirando a aguileña. En su boca no hay nada a destacar, excepto sus labios, que han perdido toda su tonalidad y han terminado palideciendo, palidez cercana al casi blanco de su piel. Al ser su cuerpo, casi en su totalidad, hueso y piel, sus extremidades son raquíticas y escuálidas y produce la sensación de no tener músculos. Necros esconde esta horrible visión con su vestimenta.

DESCRIPCIÓN PSICOLÓGICA: Necros es un elfo resentido con todo ser vivo. Siente odio hacia todo aquello que tiene vida. Siempre actúa con el único fin de causar muerte y putrefacción, odio y discordia allí donde vaya, pues no le encuentra otro sentido a su vida. Cuando conversa, se muestra frío y sarcástico. Incluso a veces se decanta por la humillación. Cada vez que ve una sonrisa, su odio va en aumento. No suele enzarzarse en batallas cara a cara, sino que prefiere atacar por la espalda y pillar a su oponente o víctima desprevenido. Siempre actúa siguiendo fría y escrupulosa lógica y buscando el máximo beneficio. Si algo no le beneficia, no moverá un dedo por ello.

--------------

ATRIBUTOS:

-FUERZA: 1
-AGILIDAD: 1
-INTELIGENCIA: 4 + 2 + 1 + 1 = 8
-ESPÍRITU: 3 + 1 = 4


-------------

PARÁMETROS:

-Daño físico: 2
-Defensa: 1 + 2 = 3
-Habilidad: 1
-Presteza: 2
-Daño mágico: 16 + 2 = 18
-Tolerancia: 12
-Concentración: 8

-Constitución: 18
-Magia: 24


-HABILIDADES:
Empatía:
 

Amados por Natura:
 

Potencia intelectual:
 

-MAGIAS:
Bola de fuego:
 

-HISTORIA:
"¿Mi madre? No era más que una bruja chiflada adoradora de esos semidioses, los ángeles. Je, suena irónico cuando sale de mi boca. Ella es la única razón por la que vivo dentro de este cuerpo inmundo, afectado por esta insufrible enfermedad. Mediante algún tipo de conjuro, se embarazó a sí misma. Parece ser que usó ADN angélico, pues entonces no se explicaría el porqué de mis alas. La cuestión es que de esa aberración nací yo. Ni elfo, ni ángel. Hay quien me llama mestizo. También hay quien me llama sangre impura o impuro a secas. Prefiero ser llamado Necros, pues hace tiempo que renegué de mi nombre verdadero aunque... ¿no crees que me pega? Incluso mi nombre es testigo de mi condena. En cuanto a mi infancia, fue algo terrible. Al nacer, fui maldito con el don de la conciencia. Desde entonces, recuerdo todo lo que me ha pasado como si lo hubiera vivido ayer. Yo mismo vi morir a mi madre después del parto por culpa de una infección pero... ¿seguro que era una infección? Quizás ella misma se condenó al crearme a mí. Nada más morir mi madre, las comadronas cambiaron su actitud hacia mí. Me miraban como si yo les fuera a contagiar la misma infección que supuestamente mató a mi madre. Infelices. Seguramente me mantuvieron con ellas hasta que alcancé los cuatro años por compasión hacia un ser vivo. En cuanto descubrieron que era consciente de cuanto sucedía a mi alrededor y de que podía hablar y razonar como ellas, me abandonaron en mitad del bosque. Ese error les traería su perdición. Eso pensé, y eso hice. Subsistí como pude, pues mi escasa edad me impedía cazar y mi corazón no me permitía buscar comida mucho tiempo seguido. Tuve suerte ser acogido por una loba. De no haber sido así, posiblemente estaría muerto, algo mucho mejor que estar podrido como lo estoy yo. Ella me alimentó con la misma carne que cazaba para sus crías. Le podía haber estado agradecido, pero no fue así. En cuanto pasaron dos años, noté que algo crecía en mi espalda. Eran unas hermosas y blancas alas que hacían juego con mi larga y rubia cabellera. Tanta belleza me abrumaba, mas el contraste con mi huesudo cuerpo me otorgaba un aspecto grotesco. ¿Debería alegrarme por haber perdido lo único bello que había en mi cuerpo? A la vez que me crecían las alas, noté también que una fuerte corriente mágica fluía por mis venas. Probé esa magia con una flor, que se marchitó y pereció. Una macabra sonrisa se dibujó en mi rostro, lo cual acentuaba todavía más mi grotesco aspecto, pues mi cara seguía siendo la de un niño. Aproveché mi nuevo "don" e hice que el corazón de la manada de lobos se pudriera. Eso me daría comida durante un tiempo mientras practicaba mi magia. Debido a mi enfermedad, tuve muchos problemas para desarrollar mi poder mágico, pues rápidamente me cansaba. Sin embargo, la magia era lo único que me hacía que no me sintiera muerto del todo. Estuve años perfeccionando mi magia por mi cuenta. Sin embargo, mientras perfeccionaba mi magia, mi cabello se marchitaba, junto a mis alas y a mi ya enfermo corazón. Lo extraño es que ni perdí mis alas, que ya habían alcanzado su máximo tamaño, ni perdí mi cabello, que me llegaba ya hasta la cintura. Simplemente, su color cambió. Mis alas se volvieron tan oscuras como el mismo abismo y mi cabello perdió todo tinte, lo que me otorgó un aspecto de zombie. Seguramente esa fue una de las razones por las cuales me rechazaron cuando volví al poblado donde nací. Así que, en cuanto perfeccioné mi magia lo suficiente, volví a mi “hogar”. Para ese entonces ya debería tener unos 14 años. Sin embargo, en el agua no había el reflejo de un niño. Como todavía no había aprendido a esconder mis alas, entré a la aldea con ellas al descubierto. Todos los elfos me miraron con asombro o miedo. Intenté buscar amor en ese lugar. ¡Qué iluso fui! Los adultos me despreciaban por mi aspecto y los jóvenes lo hacían por mi pésima condición física. Mi cuerpo tenía la estatura de niño, mi cara era una mezcla entre adulto y niño y mi cuerpo era el de un escuálido viejo. Allí adónde iba, me miraban y trataban como a un monstruo. Aquello me enseñó a no confiar en el amor, pues era algo que yo jamás podría recibir. Así que volví a centrarme en mi objetivo primario: la venganza. No tardé mucho en dar con aquellas que me abandonaron y sus familias. Los hice arder vivos a todos. Tras aquello, partí del lugar. No pude mantener el ritmo durante mucho tiempo, por lo que me oculté en una cueva. Aproveché para reflexionar. Llegué a algunas conclusiones. Mi muerte era algo a lo que no debía temer, pues mi corazón ya llevaba muchos latidos de más. Mi vida era un sinsentido de odio y destrucción. Sin embargo, era lo único que me otorgaba placer y hacía mi existencia más llevadera. Sólo necesitaba alguien con quien compartir mi miseria. Pero allí adónde iba era repudiado y despreciado. ¿Qué podía hacer? La solución me llegó antes de lo que esperaba: crearía a mi compañía. Pero, para ello, necesitaba estudiar la nigromancia, un arte olvidada. Y para acercarme a una gran ciudad, necesitaba esconder mis alas. Estuve un tiempo intentando descubrir como esconderlas hasta que, al fin, desparecieron de mi espalda. En ese momento no las podía utilizar, así que no me importaba el hecho de ignorar como hacerlas volver. Me arrastré como pude hasta la ciudad más cercana y registré sus bibliotecas. En ellas encontré todo lo que un mago normal podría soñar. Desgraciadamente, la nigromancia estaba prohibida y no se comercializaban libros de ese tipo. Cuando estaba a punto de darme por vencido, encontré una pequeña, vieja y destartalada biblioteca dentro de una taberna. En dicha taberna se juntaban los despojos de la ciudad: desde asesinos a sueldo, pasando por traficantes de animales, hasta los borrachos más borrachos. Le pedí al tabernero que me dejara revisar esa biblioteca. Me pidió por ello unas monedas de oro. Por suerte, justo después de haber terminado con las comadronas, me hice con sus pocas riquezas, así que tenía lo que el viejo me pedía. En aquella biblioteca no había mucha variedad de libros, pero logré dar con uno del arte prohibida. Una leve sonrisa se dibujó en mi rostro. Pagué por mi consumición y salí de la taberna. Según el libro, para crear vida, primero tendría que quitarla. Con los conjuros que en este se describían, fue como coser y cantar. Arrebaté la vida de tres humanos, un elfo y un enano. En el libro también decía que debía conservar sus restos, así que les lancé un conjuro de levitación para poderlos transportar mejor. En cuanto me alejé de la ciudad, empecé a moldear los cuerpos de los muertos con la ayuda del libro hasta que adquirieron una nueva forma humanoide. Bueno, más que a un humano, me recordaba a una especie de cíclope. Su estatura de unos dos metros diez. Su cuerpo era muy ancho, tan ancho que me faltó carne para cerrarle la parte del estómago. Sus piernas eran más bien cortas y su cabeza, pequeña. Sus brazos eran grandes y musculosos pero... un error mío hizo que tuviera uno más en su hombro izquierdo, más pequeño que los otros dos. Le faltaba un ojo. Al ver mi creación, pensé 'No está tan mal. Su aspecto va acorde con el mío. Lo llamaré El Abominable Karl'. Y él es el único amigo que he hecho hasta ahora. Desde que lo creé, hemos estado viajando juntos. Nos complementábamos bastante bien. Sin embargo, su cuerpo terminó pudriéndose y pereció – si es que algo no-vivo puede morir – Durante todo este tiempo de viaje, he ido perfeccionando mis habilidades mágicas, mas no mi aspecto físico. Sin embargo, recuerda estas palabras, viejo tabernero: nadie podrá parar mi venganza."

-IMAGEN:
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MensajeTema: Re: Necros   Dom Mayo 15, 2011 4:10 am

Ficha aceptada, sin errores.

Puedes unirte a la partida de Nazgull y Karash en la periferia de Miria para comenzar a rolear.

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